martes, 30 de abril de 2019

Aprender a comunicarse en el aula


  • Aprender a comunicarse en el aula


El autor plantea en este artículo cómo el currículo es un contexto de comunicación y las aulas son escenarios comunicativos en los que la educación se orienta al aprendizaje de la comunicación.


Hasta hace poco tiempo la investigación educativa sobre la vida en las aulas oscilaba entre la argumentación sociológica y la indagación psicológica.




La vida en las aulas se convierte así en un ámbito preferente de observación y de análisis: el aula ya no es sólo el escenario físico del aprendizaje escolar, sino también ese escenario comunicativo donde se habla y se escucha (y donde algunos se distraen), donde se lee y se escribe, donde unos se divierten y otros se aburren, donde se hacen amigos y enemigos, donde se aprenden algunas destrezas, hábitos y conceptos a la vez que se olvidan otras muchas cosas.
Desde esta perspectiva, el currículo no es sólo una retahíla de finalidades y de contenidos debidamente seleccionados: es también hablar, escribir, leer libros, cooperar, enfadarse unos con otros, aprender qué decir a quién, cómo decirlo y cuándo callar, qué hacer y cómo interpretar lo que los demás dicen y hacen. 



  • Competencia comunicativa y educación 

La educación lingüística en la enseñanza primaria y en la enseñanza secundaria es la mejora del
uso de esa herramienta de comunicación y de representación que es el lenguaje. De ahí la conveniencia de que la educación lingüística se oriente al dominio expresivo y comprensivo de los usos verbales y no verbales de la comunicación humana, y por tanto a favorecer desde el aula el aprendizaje de las destrezas del hablar, escuchar, leer, entender y escribir.


Concebir la educación como un aprendizaje de la comunicación exige entender el aula como un escenario comunicativo. Pero no basta con proclamar los objetivos comunicativos de la educación lingüística durante la infancia y la adolescencia. Es necesario adecuar los contenidos escolares, las formas de la interacción en el aula, los métodos de enseñanza y las tareas del aprendizaje de forma que hagan posible que los alumnos y las alumnas puedan poner en juego los procedimientos expresivos y comprensivos que caracterizan los intercambios comunicativos entre las personas. Y es justo reconocer que, casi siempre, entre el deseo y la realidad.



En consecuencia, el aprendizaje de los alumnos y de las alumnas se orienta al conocimiento, con frecuencia efímero, de un conjunto de conceptos gramaticales y de saberes lingüísticos cuyo sentido a sus ojos comienza y acaba en su utilidad para superar con fortuna los diversos obstáculos académicos.


  • Hablar en clase 
El conocimiento formal del sistema de la lengua  y la corrección normativa de los usos ilegítimos de los alumnos y de las alumnas ocupan un tiempo casi absoluto en nuestras aulas en detrimento de una enseñanza orientada a la adquisición de las estrategias discursivas que nos permiten saber qué decir a quién y qué callar, cuándo y cómo decirlo, cómo otorgar coherencia.



Los actos de habla constituyen un aspecto esencial de la conducta humana y en consecuencia de la identidad sociocultural de las personas. Esta tradición didáctica, sin embargo, no es fruto del azar ni de una especie de «perversión pedagógica» que afecte especialmente a quienes enseñan en las escuelas e institutos, sino que obedece a otras razones.
La formación lingüística del profesorado es deudora de la hegemonía académica de las teorías gramaticales y de los estructuralismos lingüísticos, y por tanto adolece de carencias teóricas y
metodológicas evidentes en el ámbito del análisis, de la observación y de la evaluación del habla de las personas. En segundo lugar, en el campo pedagógico las actitudes respecto a los usos orales comienzan a cambiar a partir de la década de los setenta y del auge de los enfoques comunicativos de la enseñanza de la lengua.




  • Leer, entender y escribir

Enseñar a leer, a entender y a escribir es hoy, como ayer, uno de los objetivos esenciales de la educación obligatoria. De ahí que, de lunes a viernes, leer, entender y escribir sean tareas cotidianas en las aulas de nuestras escuelas e institutos.
Sin embargo, al enseñar a leer, a entender y a escribir la escuela no sólo favorece el aprendizaje escolar de los contenidos educativos de las diversas áreas del currículo. Al leer y al escribir  los niños y las niñas aprenden también a usar el lenguaje en su calidad de herramienta de comunicación entre las personas y entre las culturas.


En el ámbito escolar es obvio que adquirir los conocimientos de las diversas áreas del saber exige antes apropiarse de las formas de decir del discurso en que se expresan. También los diferentes usos  sociales de la lectura y de la escritura en nuestras sociedades: desde la lectura de los textos escritos más habituales en la vida de las personas hasta el disfrute del placer de la lectura literaria, desde el uso práctico de la escritura hasta los usos más formales o artísticos de los textos escritos. El aprendizaje de la lectura y de la escritura aparece así como una tarea educativa que a todos y a todas afecta.
Por ello, la enseñanza de la lectura y de la escritura debe tener en cuenta los usos y funciones de la lengua escrita en nuestras sociedades, orientarse al dominio expresivo y comprensivo de los diversos géneros de la escritura y adecuarse a las diversas situaciones de comunicación en las que tiene lugar el intercambio de significados entre las personas. Tradicionalmente, la lectura comprensiva vinculada al estudio, a la resolución de problemas y a las actividades del comentario de textos ha constituido una actividad habitual en las clases.




De cualquier manera, el extravío del lector en los laberintos del texto no es algo nuevo sino algo que apenas ahora se comienza a diagnosticar, a investigar, a evaluar y a tener en cuenta en las tareas docentes, en la investigación académica y en las políticas educativas. En educación no basta con saber qué es la lectura, qué significa leer y cuáles son las habilidades, las estrategias y los conocimientos implicados en la comprensión de los textos. Cuando en el ámbito escolar constatamos a menudo el extravío del lector escolar en los itinerarios del significado es necesario identificar con precisión en qué nivel se sitúa ese extravío con el fin de saber qué tipo de ayuda pedagógica requiere.



  • Medios de comunicación de masas, hipertextos y alfabetización crítica  
En su largo itinerario de aprendizajes durante la infancia y la adolescencia los alumnos y las alumnas adquieren en las escuelas y en los institutos una serie de conocimientos, habilidades y actitudes acerca del entorno físico, cultural y social en el que viven.
Cada vez más sus ideas sobre el mundo y sobre las personas tienen su origen en los mensajes de industrias de la conciencia como la televisión y la publicidad o en los contenidos que circulan por las autopistas electrónicas de la información. En efecto, los textos de la prensa, las ondas de la radio, las viñetas de los cómics, el espectáculo televisivo, la persuasión publicitaria y la omnisciencia de Internet invitan a la infancia y a la adolescencia a consumir cierto tipo de situaciones, a imitar ciertos estilos de vida, a adorar ciertas ideologías y a menospreciar otras maneras de entender las cosas.
Los altos índices de consumo de mensajes televisivos e informáticos por parte de niños y adolescentes son especialmente alarmantes si analizamos, por ejemplo, el con tenido de la inmensa mayoría de esos mensajes que se exhiben a diario en la ventana electrónica del televisor.